16/1/10

CAMINO HACIA UN SUEÑO

Camino hacia un sueño

Un año lleno de expectativas daba inicio, mi determinación y voluntad eran sólidas, sabía perfectamente que nada me iba a detener a cumplir aquello que me había propuesto de pequeño. Esto sólo dependía de mí y me alentaba el apoyo de los que me querían, excluyendo a mi papás; no digo que no me querían, sino que ellos perseguían otros intereses para mí y de alguna manera sentía que los decepcionaba; pero este deporte exigente que tanto me apasionaba, había logrado enseñarme muchos valores que en la vida cotidiana son difíciles de incorporar y utilizar.

Había aprendido a creer en mi mismo, a reconocer la importancia de la disciplina, constancia y honestidad.

La natación significaba mucho, no sólo un deporte, sino también un ritmo de vida, implicaba mucho sacrificio y sobre todo valentía, tolerancia al fracaso que era muy frecuente, esperanza en el futuro, esfuerzo y dedicación.

Esa mañana me encontraba en el aeropuerto con mi entrenador, faltaban minutos para subir al avión y vivir la mejor experiencia de mi vida, estaba tan emocionado como mis compañeros, éramos un maravilloso equipo, con mucho dinamismo y objetivos a cumplir.

El avión despegó y con él empezaron los nervios y las ansias. No pude dormir, sabía que era muy afortunado al estar allí y que cosas como ésta no las volvería a experimentar, tenía una oportunidad que me había ganado y debía aprovecharla.

Ya en el hotel, me tocó una linda habitación, todo era muy novedoso, las camas, el pequeño buffet y las ventanas con una vista tan fascinante hacia una ciudad imponente como Singapur, nunca en mi vida me hubiera imaginado visitar un lugar como aquel, era espectacular.

Almorzamos en un lugar realmente cautivante, pero me encontraba seguro de que la pileta lo sería aún más. Estaba impaciente.

Conté cada minuto y segundo hasta que la piscina se encontró frente a mí, se mostraba tan solemne, allí se encontraban todas mis esperanzas las que había cultivado durante años de entrenamiento.

El día pasó rápidamente y sin percatarme me sorprendí en zona de pre competencia calentando, a minutos de nadar mi mejor prueba.

Me asombré al ver muchos nadadores, cada uno parecía ser mejor que el otro, me sentía tan pequeño e insignificante, pero había trabajado mucho para llegar hasta allí y no podía acobardarme al último segundo, tampoco debía presionarme demasiado, el temor a fracasar me envolvió y todo empeoró cuando oí mi nombre y ví mi imagen en la enorme pantalla. Estaba aterrorizado.

Una mano fría tocó mi hombro, era mi mamá, me abrazó y me dijo con lágrimas en los ojos que creía en mí, que yo ya se lo había demostrado y podría hacer lo que me propusiera, y se sentía orgullosa.

Me dirigí al taburete sintiendo que podría hacer lo imposible, me preparé, el silbato sonó y nadé, nadé con el corazón.

Esos días estarán presentes siempre en mi memoria.

Aprendí que el temor estimula más los sentimientos que la capacidad humana y el deseo de superarse cada día, ya que la fuerza y voluntad que nos impulsa a seguir están en el corazón, no en los músculos.

El resultado de la carrera poco importo, pero la enseñanza de vida que me dejó esta experiencia me será inolvidable.

Alvaro Francisco Belmont

Edad: 14 años

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